Entrevista por José Güich Rodríguez 
Lima, 24 de setiembre de 2001

En tu pintura destaca una oposición permanente entre la abstracción y la figuración. Pienso que es uno de los aspectos más fascinantes de la propuesta. ¿Consideras que efectivamente existe tal tensión en tu obra, asumiendo que son dos de las corrientes que mantuvieron fuertes conflictos durante el siglo pasado?

 

 

 

 

 

 

 

¿Se trataría entonces de un eclecticismo?

 

 

 

 

 

 

 

 

Aludiste a algo que me parece muy estimulante. En toda ejecución artística o en toda obra no están ausentes los elementos naturales. Eso significa que esa teoría de la abstracción pura formulada por Kandinsky puede ser refutada o contestada por la dinámica de las cosas en sí mismas. ¿Consideras que tu punto de vista es una refutación de Kandinsky? Él afirmaba, si mal no recuerdo, que a la naturaleza no se le pide que represente y, sin embargo, los colores de un amanecer o de un ocaso provocan un fuerte sentimiento estético sin que ellos remitan a algo.

 

 

 

Hay un aspecto que ha sido de tu permanente interés, que es la teoría sicoanalítica. Desde muy joven, has desarrollado una marcada inquietud por este discurso. ¿Qué tanto de esa inquietud se ha filtrado a tu propuesta artística? ¿Hasta qué grado el ejercicio del arte es una catarsis para el ser humano?

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Es sintomático que las lecturas sicoanalíticas de la Divina Comedia sean abundantes. Leopoldo Chiappo sería uno de los ejemplos más conocidos, aunque no se trata de una aplicación ortodoxa, sino más bien heterodoxa de la teoría. Tú eres autor de una serie dedicada a Dante y has comentado la idea del viaje. En el poema se narra alegóricamente un viaje trascendente. Tengo la impresión de que las lecturas de la Comedia han descuidado un tanto la reflexión sobre el arte y la creación. Creo que es visible el tema del artista que emerge de esas profundidades, del Infierno, pasa por el Purgatorio y asciende al Paraíso, en la búsqueda de contemplar el Absoluto. En este caso, Beatriz ya no ejercería el rol asignado a la Fe o a la Teología, sino que asumiría otra función como guía del alma creadora. ¿Consideras pertinente esta lectura del viaje de Dante como alegoría del artista en su tránsito desde esas profundidades?

 

 

 

 

 

 

Otro de los temas asociados al rastreo de un vínculo entre Dante y la creación artística es el conjunto de aproximaciones artísticas concretas que se han efectuado sobre el poema. Una de las más conocidas es la de Gustavo Doré, quien aprovecha una circunstancia visual, puesto que la Comedia involucra imágenes muy poderosas. Tu recreación del universo dantiano se ubica en el polo opuesto a la recreación solemne, casi escenográfica de Doré. ¿Qué opones tú a ese tipo de representación decimonónica? ¿Qué elementos de tu trabajo difieren de esa representación cuasi monumental?

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

¿Sugieres que el artista no debe ausentarse de las circunstancias propias de la sociedad en que está inmerso? En caso contrario, ¿qué tipo de “ausencia” tendría que encarar? El riesgo es grande, porque desde este punto es muy fácil derivar hacia el terreno del panfleto o del compromiso, concepto manipulado frecuentemente, o bien, hacia la autocomplacencia. ¿Le compete una función al artista en una sociedad como la nuestra, que no es muy receptiva y es incluso hostil e indiferente respecto a la tarea de los creadores plásticos?

 

 

 

 

 

 

 

¿Cuándo descubres que querías ser artista, que tu camino era ese y no otro? ¿Cómo se inicia tu viaje personal?

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

¿Te has sentido limitado por esa escasez, no tanto por la calidad de los artistas que trabajan en el medio, sino por la precariedad del gusto receptivo? Formulo la pregunta porque no somos una sociedad precisamente caracterizada por un gusto sofisticado, obviando, claro está, a las elites culturales que disponen de otro tipo de instrumentos aproximativos. 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Eres un artista en pleno proceso de crecimiento, que ya ha dado muestras de su valía, con una medalla de oro en su promoción de la Escuela Corriente Alterna, amén de otras distinciones importantes. ¿Cuál es tu imagen del futuro? ¿Piensas que, en algún momento, será necesaria la salida del país para continuar tu formación?

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

¿Dirías que Fernando de Szyszlo representa un antes y un después en la historia de la pintura peruana? ¿Es una suerte de año cero?

 

 

En nuestro medio ha habido siempre una tendencia al autoritarismo cultural, a la dictadura estética. Sabogal, por ejemplo, ejerció una influencia muy grande en su época, casi una autarquía en el período de mayor auge de su obra. ¿Crees que ese concepto de “dictadura” continúa siendo una tara para el discurrir del arte peruano?

 

Como que las cosas deben cambiar para que todo permanezca...

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Hace un momento, mencionaste el término “periférico”. Situándonos en una esfera de mundialización del conocimiento, proceso que tiene sus propios “sumos sacerdotes” ideológicos, ¿crees que la noción de periférico contradice el fenómeno de la llamada “globalización”? ¿Continúan existiendo, efectivamente, periferias culturales?

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

¿Qué papel le compete al crítico, un hombre a veces satanizado o a veces adorado hasta el paroxismo? Además de artista, tengo entendido que eres un acucioso crítico de arte, fenómeno poco corriente en nuestros lares. Es muy difícil encontrar artistas con tanto vuelo teórico y alto sentido humanista, como los que tú demuestras con creces. Me gustaría que respondieras con toda flexibilidad.

 

 

 

 

¿Debería ser ética dicha función?

 

Algunos críticos muchas veces se olvidan de eso, no solo en el Perú, sino en muchos contextos. De algún modo, se vuelven “juez y parte”, pues ejercen una influencia de camarilla y reciben pingües beneficios. Juegan en dos bandos. En ocasiones, caen en algo que me parece imperdonable: dan “gato por liebre”. Sobredimensionan a quien aún se encuentra en ciernes, con una carrera que debería observarse con atención y racionalidad; o, en su defecto, sobredimensionan a artistas que a lo mejor carecen de los méritos suficientes. Hablando en términos muy directos, son mediocres. ¿Consideras que esta falta de ética por parte de ciertos críticos es un lastre o un obstáculo para el sistema cultural? 

 


(*) Escritor y periodista peruano. Estudió Literatura y Lingüística en la Pontificia Universidad Católica del Perú. Es autor del libro de cuentos Año sabático. En la actualidad, prepara su segundo libro de relatos, titulado El mascarón de proa. Ejerce la docencia en las universidades del Pacífico y de Lima. Entre 1992 y 1995, fue becario del CONICET en la República Argentina.






Creo que es cierto lo que dices, si es que nos atenemos al término “tensión”. No se trata de dos categorías polares o excluyentes, y no creo que exista ni la abstracción pura ni la figuración pura. Aun en el realismo más orientado a la mímesis, o reproducción fiel de la realidad, y aun en el caso de la abstracción más hermética, siempre hay, por un lado, la interpretación propia del autor, que busca imprimir algún tipo de mirada personal a la naturaleza. Por otro lado, cuando uno trabaja con formas geométricas, o incluso cuando uno le cede al color la iniciativa por encima de la forma, siempre hay referentes tomados de la naturaleza: todo se puede rastrear hasta un referente natural. Sí hay una tensión, que finalmente se resuelve en términos de escoger el lenguaje para expresar cierto mensaje. Es decir, se trata de estrategias de significación. Parto de un concepto y, en la medida en que voy adentrándome en él, tomo decisiones respecto de cuáles son los lenguajes que me van a permitir una mayor claridad, una mayor elocuencia.

 


Hablar de eclecticismo quizás sería otorgarle al problema un vuelo académico, que en realidad no es tal. Como te decía, se trata de la elección de un lenguaje apropiado en términos de una estrategia de significación. A veces la abstracción apela a cierta profundidad sicológica del espectador, y eso la puede hacer más adecuada en el sentido de "ad hoc", propia para ese propósito específico. Por su parte, la figuración puede apelar a recuerdos más sensibles, a experiencias más inmediatas. Se trata de acatar las demandas de la pieza, y al final muchas veces uno se convierte en una especie de secretario, encargado de tomar el dictado; es decir, la obra en algún momento adquiere cierta autonomía, y uno tiene que ser respetuoso de lo que cada una va demandando. En ese sentido, la elección del lenguaje está de hecho supeditada a la garantía de la comunicación, a procurar que el mensaje llegue. 




Yo respeto mucho a Kandinsky que es uno de mis pintores favoritos, para empezar, por su solidez intelectual. Kandinsky fue, ante todo, un matemático. Si existe una rama de la matemática que se vincula con la naturaleza, es la geometría, medida de la Tierra, de lo natural o visible. Probablemente Kandinsky estaba aludiendo, si es que contextualizamos un poco su declaración, a esa especie de emancipación de lo figurativo, que él estaría propugnando. De hecho, Kandinsky se inscribe en la tradición matemática rusa. Sí, de alguna manera, en la medida en que el artista apela a sus propias vivencias, no se puede prescindir de lo natural, evidentemente filtrado a través del temperamento síquico.





Existen muchas vías de indagación interior. A mí me interesa mucho la idea del viaje. De hecho, cuando me aproximo a Dante pienso en el peregrino, en la necesidad que se presenta de hacer un descenso a las profundidades... profundidades que a menudo tienen connotaciones infernales. Ha habido muchos viajeros en la historia de Occidente. En realidad, más que de una tradición occidental, se trata de una constante humana. Todos debemos profundizar en nuestro interior, y yo siento que, entre las vías que conozco, y con la cual se produce una empatía, un movimiento afectivo - que no pasa necesariamente por la razón, sino más bien por la intuición -, el sicoanálisis es la vía que me permite una indagación en mí mismo; y, en un sentido más general, es lo que me permite pintar, es lo que funciona como una suerte de antorcha para iluminar estas profundidades. Este trabajo es algo así como una arqueología personal, en el que uno va despejando el terreno de malezas, en un proceso que consiste en ir “decapando” y profundizando hasta llegar a algún nivel de reconstrucción de la propia sique. En mi tarea, quisiera iluminar la mirada que puedo dirigirle al mundo desde estas categorías. Cierto es que puede haber un contenido sensorial puro, un placer contemplativo que se baste a sí mismo; pero, aun en estos casos, la posibilidad de goce está apoyada por esa indagación interior, que no solamente permite conocer los infiernos personales, sino que también - y en eso creo que es fundamental la idea del viaje - permite saborear las delicias de la vida. El viaje debe tener un destino, algo que no se puede predeterminar a ciencia cierta al comienzo ni en el trayecto. Son cosas que uno va encontrando. Considero que el sicoanálisis es eso, una especie de brújula, de herramienta fundamental para el peregrino.






La potencia del clásico está en la universalidad de su planteamiento. En este sentido, el arte puede ser, en tanto experiencia creativa, un terreno propicio para la aplicación de esta idea del viaje. Sin embargo, precisamente por tratarse de una obra de dimensiones universales, esta idea debería ser aplicable a cualquier empresa humana. Ciertamente, se trata de entender una secuencia. No habría sentido si es que Dante terminase en el Infierno. Fue un descenso necesario en el cual se aproxima a diversas formas de fracaso de la condición humana. Dante, además, es un estratego notable. Se vale del propio Satanás como escalera para salir del Infierno. Es un hombre que lo condensa todo: la valentía y el arrojo del peregrino; es también un hombre pragmático, un crítico de su época; y, luego del ascenso purificador a través de la montaña del Purgatorio, Dante se convierte en un contemplador. Por otro lado, hay una abolición del tiempo. No hay tiempo ni en el Infierno ni en el Paraíso. En el Infierno aparece lo que encontramos en esos versos de Lulio, en que declara que allí la pena es como el movimiento en el círculo. Es, pues, un movimiento circular donde no hay progreso: un movimiento sin avance. Existe tiempo en el Purgatorio porque se trata precisamente de un período de purificación, que tiende al presente puro que es el Paraíso, el presente activo. Considero que hay una relación con lo estético; pero con lo estético capaz de impregnar cualquier actividad humana. 





Pienso que ha habido suficientes ilustradores de la Comedia, es decir, personas que han buscado, como Doré, compartir sus imágenes personales valiéndose de la mera figuración. Ante un texto como la Comedia, uno puede sentirse tentado a ese tipo de representación iconográfica. Pero la idea del clásico puede permitir una exploración de nivel superior, superar las circunstancias espaciotemporales. He apoyado mi mirada en ciertos hechos de la historia reciente del Perú. Por ejemplo, cuando trabajo el círculo donde están recluidos los golosos, abro el abánico semántico del término y pienso en todo tipo de apetitos, y eso me lleva a pensar en las circunstancias políticas que se vivieron en el país a mediados del año 2000. A la vez, eso me permite trascender los lenguajes artísticos más académicos y recrear la gula a través de un ensamblaje donde, incluso, llego a colocar un animal disecado en el cuadro. Mucho más rica puede ser la exégesis de la Comedia, y, sobre todo, su aplicación a los hechos que nos tocan vivir, alejándose de esa tentación inconográfica, que ya ha sido asumida por gente de gran valía. Seguramente Doré ha encarnado en sus grabados esta postura. A mí, en lo personal, puede interesarme, pero en realidad estoy más inclinado al “refraseo” plástico a través de la obra abierta a cualquier lenguaje apto para expresar el contenido. Comencé mis trabajos sobre Dante con un dibujo y he terminado haciendo ensamblajes, interviniendo materias no convencionales, como el vidrio que recibe impactos de bala. Este material, por ejemplo, me parece mucho más elocuente para hablar de la violencia. Es un objeto del mundo que dice por sí mismo, y hay que permitírselo. Yo no creo que al artista deba ejercitar una autoridad espuria en el sentido de pretender “decirlo todo”.



Respeto las distintas posturas que es posible tomar en este tema. El verdadero arte siempre va a cambiar al hombre. A través del arte se construye la subjetividad desde sus estratos más íntimos. La elección del lenguaje va a depender del carisma de cada uno, de los movimientos afectivos que se produzcan en cada creador. En nuestra época, resulta poco creíble la intención de proclamar una tendencia como cierta, o peor, como única. Vivimos en una etapa plural, turbulenta, donde la validez de los lenguajes radica en la efectividad que estos posean. Y esa efectividad se sostiene, sin duda, en la categoría intelectual del artista y en la solvencia en el manejo de las técnicas que escoja. Cualquier artista debe comprometerse, ante todo, consigo mismo, con su propia propuesta, su indagación interior, y compartirla con los demás. Siempre existe en el arte, aunque no se exprese de manera demasiado directa, una solidaridad esencial, porque el arte es algo que se ejecuta para compartir con un otro. No creo que ningún artista se sienta satisfecho por la mera creación. Este círculo se cierra cuando realmente hay una comunicación, cuando se crea un espacio compartido que, incluso, puede ser de disensión, de discrepancia, pero ya hay una relación intersubjetiva.




Creo que, al igual que Dante, comienzo en una selva oscura. En realidad, yo había pintado y dibujado desde que tuve uso de razón. Siento que, por diversas circunstancias, fui escamoteando la necesidad, el instinto creativo. Siempre lo tuve presente, y admiro a aquellos que toman decisiones tempranas en sus vidas. Ciertamente, hube de pasar por un aprendizaje institucionalizado, que me dio algunas herramientas técnicas. En tal sentido, considero que el arte se puede enseñar en escuelas; pero el mejor aprendizaje es el autoaprendizaje, y esto viene de muy atrás. He tratado de no generar compartimientos estancos en mi personalidad. Prevalece la voluntad de autoconocimiento, que, en la medida en que llega a constituirse en una necesidad imperiosa, por un proceso que yo me atrevería a calificar de natural, va trayendo consigo la elección de ciertos lenguajes. La plástica supuso de alguna manera un reencuentro conmigo mismo, que se dio después de haber seguido una carrera de Administración. Aparentemente, esta se sitúa en las antípodas de lo artístico, pero al final resulta algo muy complementario. Hay que reconceptualizar al artista y ubicarlo en el mundo. Todo lo vivido me alimenta y me permite ahora comenzar una expresión un tanto más elocuente. Toda la vida estuve metido en una especie de compromiso estético más o menos consciente; y, de hecho, siento que para muchos se presentan dilemas semejantes. Como tú señalabas hace un instante, el medio en que nos desenvolvemos no es especialmente propicio.




Ahí quisiera efectuar un distingo porque, si uno se lo propone, siempre va a encontrar explicaciones en el entorno, que sin duda pesa, pero que no lo explica todo, es decir, no llega al nivel de la determinación. Uno debe procurar expandir sus audiencias, sus destinatarios. En el Perú hay mucha gente interesada en el arte. Hay elites que disponen de los elementos de juicio para entender propuestas que trasciendan lo meramente convencional o incluso decorativo. Debemos asumir las carencias propias del medio, sobre todo en términos de educación visual. Me imagino que, en los colegios, este es un tema bastante desatendido. En la agenda política, si es que existe, apenas si se menciona lo artístico en particular y lo cultural en sentido más general. Ahora habría un mayor acceso a la información. Finalmente, se trata de medios que son intrínsecamente neutrales. Existe Internet, la posibilidad de comprar libros a través de la red. Por ahí nos cae uno que otro aerolito cultural de tarde en tarde. Pero se trata de abrir las compuertas, de expandir los beneficios. No podemos continuar cultivando el elitismo más vulgar y engañoso, porque las elites, normalmente, no son tales. Aquí se entremezclan muchos factores sociales. Lo peor que puede hacer un artista es restringir su auditorio a ciertos grupos de iniciados. Eso va en contra de la esencia misma del arte, que es compartir, expandir, abrir los brazos a todo aquel que se interese por la propuesta personal.


Deseo completar mi formación fuera del Perú. Hay que asumir nuestra condición periférica y, si bien es cierto que aquí tenemos algunos estímulos importantes que surgen de los propios creadores nacionales, es indispensable salir, conocer, informarse. El artista es (debe ser) un intelectual que se expresa a través de los materiales o de las acciones o de las palabras. Debemos autoexigirnos una permanente tarea académica, en el sentido de conocimiento del mundo clásico y contemporáneo. Aunque se vive una escalada globalizante, tenemos la obligación de saber quiénes somos y a qué tradición cultural pertenecemos. Aun desde mi posición de artista latinoamericano nacido en España, esta especie de condición garcilasina signada por la ambigüedad y por no poca angustia, me siento parte de una tradición occidental que debo conocer mejor. Ciertamente, hay posibilidades de acceso a distancia, pero hay que ir al centro. Para mí es una exigencia fundamental pasar un tiempo fuera del Perú. Y esto, de inmediato, nos deriva al tema de si se puede vivir en este país. Respondería que sí; pero la pregunta que quedaría pendiente es en qué condiciones, a qué precio. No quisiera dar una respuesta categórica, pues solo el tiempo es capaz de despejar estas incógnitas. Siento un apego muy grande por mi país; pero es un apego que no implica cerrazón o esa tendencia a introducir elementos autóctonos aunque sea en el nivel decorativo de la mala conciencia. El arte debería tener esta pretensión universal, pero desde la identidad. Hay personajes en la escena peruana que han demostrado la falsedad del dilema entre lo local y lo universal, y sin duda ahí debemos rendirle todos un sentido homenaje a Szyszlo, que tradujo elementos de la iconografía peruana al expresionismo abstracto que nos viene básicamente desde Norteamérica.




No sé si pueda llegarse a una cronología tan severa. Szyszlo abrió muchas puertas, pero hay otros artistas importantes. Ricardo Grau fue también un gran introductor de formas. Y tenemos un pequeño Parnaso criollo, en el que merecidamente debemos incluir a muchas figuras.



En este momento es impensable hablar de una corriente única. Incluso volver a lo así llamado “conservador” podría ser una alternativa válida, siempre que se haga con una mirada lúcida, con calidad. Pienso, como otros, que no hay nada más revolucionario que ser conservador, en el sentido de que el sistema lo asimila todo.





Claro, es un poco la idea de Lampedusa. Por ejemplo, en épocas de prurito vanguardista, esa contracultura es, al final, asimilada por el sistema. No hay que aspirar a una marginalidad que está indefectiblemente desahuciada. No creo que sea factible hablar de un “signo de los tiempos”. Hoy encuentras un figurativismo clásico al lado de lenguajes que rompen los formatos y los soportes convencionales. Se trata de ubicar ciertos parámetros de valoración que nos indiquen dónde, dentro de esta selva de diversidades, hay realmente calidad de la expresión. Tampoco en nombre de la vanguardia se puede justificar cualquier cosa. Debe haber un sustento, esa categoría académica que es fundamental para hablar de arte. No en vano nuestros mejores creadores son personas que han sabido expresarse a través del texto escrito. Gente que tiene todo un soporte cultural de lo más diverso. Me parecería impensable un pintor que no tenga un profundo amor por la música o que no se asome a la literatura. Pueden existir muy buenos técnicos que carezcan de este tipo de dimensiones espirituales. Artistas verdaderos solo se forman por esta mirada totalizante. 





Ese tema de la globalización es muy complejo, tiene muchas aristas. Para muchos, el peligro del arrasamiento de las identidades globales se estaría materializando. Lo que yo siento es que sí existen centralidades y periferias del mercado, con todo lo que esto trae consigo. Es innegable que nosotros tenemos que hacer esfuerzos muy grandes para que el arte peruano sea conocido en niveles internacionales. Aquí subsiste una serie de responsabilidades que deben asumirse, partiendo de los propios artistas, que están obligados a abandonar las actitudes pasivas. Es muy fácil quejarse del paternalismo y, al mismo tiempo, parasitar de él. Carecemos de instancias gubernamentales eficaces. Cada artista tiene que ser empresario de sí mismo. Actualmente en Lima hay algunas luces al final del túnel en lo que se refiere a la actividad galerística. Podría haber quizás un poco más de profesionalismo, un poco más de transparencia, un interés genuino por expresiones artísticas valiosas. Hay mucho por hacer; pero no debemos elevar a la categoría de explicaciones estas carencias, porque eso supondría un entrampamiento. Debemos apelar a ese tan enarbolado “ingenio criollo” para que cada uno se las arregle, y abrirse campo en una escena tan plural, tan llena de posibilidades y, evidentemente, de limitaciones para quien extiende una propuesta desde la periferia. Nosotros no somos subdesarrollados en tanto artistas; pero sí debemos soportar estas limitaciones seculares, y que no ofrecen, desde mi punto de vista, mayor perspectiva de cambio.




Todos debemos ser críticos, por esta demanda que yo te planteaba de cierto nivel de información, cultivo de las humanidades y de otras artes. Pero sé adónde va tu pregunta. El crítico debería ser una persona que ilumine las funciones del arte en nuestra sociedad. Tendrían que procurar ser muy didácticos, poseer el tino suficiente para escoger el lenguaje adecuado para el medio a través del cual se expresan; ser personas que ejerzan libremente su derecho de opinión, no constituir en modo alguno un bastón en el que deba apoyarse el artista. En la medida en que los artistas asuman funciones de elaboración de textos o articulación de un discurso sobre su propia obra, los críticos van a tener mucho más clara la posición que les toca ocupar. La crítica debe ejercerse desde esta perspectiva y nada más.




 Todo debería estar atravesado por la reflexión ética.



Definitivamente. Los críticos son seres humanos, y si nos atenemos a la escatología dantiana, pueden encontrarse en una ubicación infernal, purgatorial o paradisíaca. Cada uno ejerce el oficio de acuerdo con su propia estatura moral, con su propia categoría intelectual. Si seguimos con Dante y lo que tú llamabas la “satanización” en el sentido más literal de los términos, seguramente hay críticos incontinentes, fraudulentos, violentos, e incluso traidores. Estos últimos son los que están más cerca de Satanás. Claro, aquí es posible recorrer todo un elenco de indiferentes, lujuriosos, ávaros y pródigos, iracundos, herejes, violentos contra el prójimo, seductores, aduladores, adivinos, barateros, hipócritas, ladrones, traidores del amigo, traidores del benefactor y un gran etcétera. Simplemente quiero decir con esto que “casos hay”. La función del crítico es necesaria. En el Perú, se debe apelar a la gente más talentosa, en especial, a los que poseen conocimientos de estética, de historia del arte y de cultura contemporánea. El crítico es indispensable y debería ser una gran palanca para el desarrollo de las artes... o puede ser también un lastre.